La
ciudad de Cartagena, situada al S.E. de la Región de Murcia (España),
con sus aproximadamente ciento ochenta mil habitantes, es la segunda
en población dentro de la Comunidad Autónoma de Murcia.
Es sede del Parlamento Regional, da nombre a la Diócesis y es
la capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo.
Cartagena se asienta sobre cinco colinas denominadas Molinete, Monte
Sacro, Monte de San José, Despeñaperros y Monte de la
Concepción, desde las que se denomina el mar, dándole
mayor realce a la ciudad.
Desde el puerto se divisan los faros de la Curra y Navidad, así
como los castillos de Galeras y San Julián, que convierten la
dársena de Cartagena en inexpugnable.
HISTORIA
La ciudad de Cartagena fue fundada, con el nombre de Quart Hadast, hacia
el año 227 a. C. por el general cartaginés Asdrúbal
sobre un núcleo de población anterior que se viene relacionando
con la Mastia que aparece recogida en la Ora Marítima escrita
por el romano Rufo Festo Avieno en el siglo IV a.C. La presencia cartaginesa
en ella sería fugaz ya que en el 209 a.C., en el transcurso de
la Segunda Guerra Púnica fue conquistada por el romano Publio
Cornelio Escipión.
Bajo el dominio romano la ciudad vivirá sus mayores momentos
de esplendor entre finales del siglo III a.C. y los comienzos del II
a.C. En el año 44 a.C. recibiría el título de colonia
bajo la denominación de Colonia Urbs Iulia Nova Carthago. La
importancia de la ciudad se basó, junto a la riqueza minera de
su sierra, en su privilegiado emplazamiento y la singularidad de su
topografía(situada en una pequeña península rodeada
de colinas y con una laguna o mar interior –El Almarjal de los
tiempos modernos –al norte) que permitían su fácil
defensa.
Con el final del imperio romano se abre una época de decadencia
de la que se tienen muy pocas noticias. De este período podemos
destacar el paso de los vándalos por la ciudad, el dominio visigodo,
interrumpido en el 555 por la tropas bizantinas del Emperador Justiniano
que, en su intento de recuperar los territorios que pertenecieron al
Imperio Romano de Occidente, tomaron la ciudad y la convirtieron en
la capital de la provincia de Spania, que abarcaba parte del sureste
peninsular, desde Málaga hasta la propia Cartagena. La ciudad
caería nuevamente en poder de los visigodos tras ser conquistada
y arrasada a principios del S.VII. A partir de este momento, Cartagena
desaparece prácticamente como ciudad..
En el año 734, a causa de la capitulación de la Cora de
Tudmir, caería bajo el poder musulmán, emprendiendo entonces,
y sobre todo entre los siglos X y XII, un proceso de lenta recuperación
, que queda reflejado por su cita en las obras de escritores árabes.
Fue en 1245 cuando el entonces Principe Alfonso -el posterior Alfonso
X El Sabio- conquistó la ciudad que recuperará entre otras
cosas, su condición de sede episcopal. Con todo serán
estos siglos bajomedievales una etapa de decadencia, de la que comenzará
a salir en el siglo XVI con la reactivación económica
y política generalizada que vive el país, pero, de nuevo,
entrará en franca decadencia en el siglo XVII, agravándose
en su caso la crisis por las repetidas epidemias que la asolaron durante
toda la centuria. Cartagena recobrará su antigua importancia
en el siglo XVIII cuando, a raíz de su elección en 1728
como capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo
y la construcción del Arsenal y de los castillos y cuarteles
previstos en el plan de fortificación de la ciudad redactado
por el ingeniero militar Martín Zermeño a instancias del
Conde de Aranda, se alcance una gran actividad constructiva y mercantil
que atraerá hacia ella a grandes contingentes de población,
pasando ésta en un corto espacio de tiempo de 10.000 a 50.000
habitantes.
Tras un nuevo período de crisis en la primera mitad del siglo
XIX, la segunda mitad de dicha centuria verá un nuevo despegue
de Cartagena a causa del gran auge de la minería, que, a su vez,
sirvió de estímulo para la industria y el comercio. Será
ésta la época en que Cartagena, tras las destrucciones
provocadas por la Revolución Cantonal de 1873, adquiere su fisonomía
actual, al construirse numerosos edificios-de carácter público
y, sobre todo, privado,- que recogen las tendencias eclécticas
y modernistas imperantes entonces en España.
Un nuevo altibajo en su economía, a partir de la crisis de la
minería que se produjo a finales de la segunda década
de la presente centuria, sería la situación en la que
Cartagena afrontó la Segunda República y la Guerra Civil,
durante la cual fue uno de los bastiones más importantes del
gobierno republicano y, junto a Alicante, la última ciudad en
caer en manos del General Franco.
Museo Arqueológico Municipal
El Museo Arqueológico Municipal de Cartagena constituye el principal
eje vertebrador de las actividades arqueológicas de la ciudad
y su comarca. Su colecciones, algunas de ellas iniciadas desde el siglo
XVI, fueron incrementándose hasta quedar finalmente recogidas
en un antiguo edificio que se convertiría en el primer Museo,
fundado en el año 1943. Las instalaciones actuales, edificadas
sobre una necrópolis tardorromana descubierta en ese mismo lugar,
quedaron inauguradas en 1982. En su interior se puede contemplar este
importante yacimiento, rodeado de las dos plantas que albergan las colecciones
que el museo exhibe actualmente.
LA PREHISTORIA Y LA CULTURA IBÉRICA
Las secciones que la integran, ordenadas cronológicamente, arrancan
con el período Pleistoceno, al que pertenecen los restos de fauna
africana de la Cueva de la Victoria, datados hace 1.400.000 años.
En las vitrinas dedicadas al Paleolítico se muestran las diferentes
materias primas de que se valieron los primeros grupos de cazadores-recolectores
que habitaron esta tierras para obtener su herramientas, los utensilios
más frecuentes así como los restos óseos de algunas
de las especies de animales que capturaron, desde el período
del Paleolítico medio, hace unos 40.000 años hasta el
Neolítico, cuando los primeros poblados, la domesticación
de algunos animales y el cultivo de cereales empezaron a implantar un
modelo de vida sedentario hace 5.000 años.
La Cultura Argárica, que constituye el exponente más claro
del afianzamiento comercial de los primeros poblados mineros del Sureste,
durante el segundo milenio antes de J.C., se halla representada a través
de algunas formas cerámicas que elaboraron sus artesanos-. vasos,
cuencos, copas urnas para enterramientos y pesas de telar para fabricar
tejidos de lino.
La intensificación del tráfico marítimo con el
Mediterráneo oriental, los crecientes flujos comerciales con
el Levante y Andalucía fueron la causa de que los pueblos de
la sierra minera de Cartagena y de Mazarrón se vieran involucradas
en esa corriente del período de las. colonizaciones, que tanto
influiría en la gestación de la Cultura Ibérica.
El poblado y la necrópolis ibérica de Los Nietos, a orillas
del Mar Menor, sintetiza de manera clara esa decida vocación
comercial de las gentes que habitaron la costa de Cartagena entre los
siglos V y III antes de J.C. las cráteras griegas pintadas con
figuras rojas procedentes del yacimiento de Los Nietos, que se exhiben
en el museo, son buen ejemplo de ello.
LA ROMANIZACIÓN
Las secciones que el museo destina a subrayar los diferentes aspectos
del largo período en que la ciudad permaneció bajo la
órbita de Roma ocupan la mayor parte de la primera planta. A
lo largo de la pared podemos observar la rica colección epigráfica,
que ofrece lápidas con inscripciones de carácter religioso
y funerario, complementadas con una vitrina de ajuares de la necrópolis
de la Torre Ciega, a la que siguen varias vitrinas en las que se exponen
las distintas producciones cerámicas que llegaron a la ciudad,
ordenadas cronológicamente y agrupadas en conjuntos de vajillas
siguiendo los alfares donde se fabricaban: Gnathia, Megara, Pérgamo,
Cales, Ischia, Etruria, Arezzo, Millaru, Cartago, etc., completando
el recorrido una vitrina que recoge artes menores: vidrio, bronces,
alfileres, anillos y pequeños objetos trabajados en hueso.
A continuación en el espacio dedicado a la ciudad y sus monumentos
se muestran distintos restos arquitectónicos: cornisas, frisos,
fustes, bases y algunos de los espléndidos capiteles que decoraban
la escena del teatro romano, hoy en fase de excavación. Los mosaicos,
entre los que destacan el hallado en la calle Saura, con mármoles
de variada composición y colorido, y el de la calle Palas, con
teselas bícromas, enmarcan el área de la escultura. En
ella sobresalen por su excelente ejecución el retrato infantil
de un miembro de la familia imperial y la figura de un muchacho, tradicionalmente
identificada como un Hermes. Del teatro proceden tres magníficas
aras cilíndricas de mármol blanco dedicadas a la triada
capitolina así como dos altares gemelos también de mármol
que presentan inscripciones conmemorativas alusivas a importantes personajes
de aquel tiempo ligados a la ciudad. Estos materiales dan paso a una
pequeña sección del museo en la que se muestran los materiales
de construcción más frecuentes empleados durante el período
de romanización: tejas, ladrillos, revestimientos, estucos decorados,
conducciones hidráulicas, etc., A continuación en la sección
dedicada al comercio y la industria se muestran numerosos objetos relacionados
con estas actividades: ánforas para el transporte de vino, aceite,
salazones de pescado, molinos para el grano, artes de pesca, cepos de
anclas y lingotes de plomo fabricados en las minas de Carthago Nova,
para concluir con una muestra de emisiones monetales de la ceca de la
ciudad junto a otras de época republicana e imperial. El recorrido
de esta planta finaliza con las vitrinas dedicadas al Bajo Imperio y
la época medieval, donde se exponen producciones cerámicas
africanas y orientales de los siglos IV y VII, y la lápida de
Comenciolo, sin duda uno de los mejores documentos epigráficos
de la presencia bizantina en la ciudad.
LAS
SERIES TEMÁTICAS
Con un tratamiento distinto, los materiales que se exhiben en ella están
agrupados con carácter temático. En el apartado dedicado
a la minería en la antigüedad se muestran diversos objetos
relacionados con esta actividad en época romana, picos, martillos,
cuña y otras herramientas, junto a gorros y sandalias de esparto
trenzado que formaba parte de la vestimenta de los mineros así
como esportones utilizados para el transporte del mineral, poleas escalas,
lingotes de plomo, etc.
Algunos yacimientos excavados en la ciudad y su comarca durante los
últimos años, como la necrópolis y el poblado ibérico
de Los Nietos, la Muralla Púnica, y otros solares del casco antiguo,
ocupan buena parte del recorrido de esta segunda planta, que cuenta
además con un espacio destinado ala proyección de audiovisuales
y concluye con una sección en la que se subrayan aspectos relacionados
con la historia moderna de la ciudad, especialmente entre los siglos
XVI y XIX, y en la que se muestran inscripciones conmemorativas, funerarias,
escudos nobiliarios, eclesiásticos, y un apartado gráfico
sobre la evolución urbana en ese tiempo.
NECRÓPOLIS
La necrópolis tardorromana que se conserva en esta museo fue
descubierta y excavada en 1967, siendo la parte exhumada el área
más importante del yacimiento, que ocupa unos 700 m2.
Su interés radica tanto en la variedad de sepulturas que contienen
como en los momentos cronológicos hasta los que llega su uso,
finales del siglo IV o principios del V, coincidiendo con la implantación
del cristianismo. Los tipos de enterramientos se concretan en:
Túmulos: Tumbas cubiertas de forma semicircular o rectangular
enlucidas de cal, ligeramente inclinadas a la manera de un triclino
,con su mensa de ágape funerario en uno de los costados, sin
duda una costumbre pagana que perduró en la iglesia cristiana..
Fosas: Enterramientos realizados en el terreno firme con distintos materiales,
muretes de manpostería, ladrillos, losas o tejas. Algunas ánforas
sirvieron para dar sepultura a individuos infantiles o neonatos.
Panteones: En la zona excavada se aprecian los restos de dos estructuras
singulares que pueden ser consideradas como panteones.
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